Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.
“Mi alma deseó los primeros frutos”
“¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido los frutos del verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia, y no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos.”
Dios desea ver fruto en nuestras vidas… Desde el momento que la semilla del evangelio queda sembrada en nuestros corazones (si nuestro corazón es terreno fértil), produce fruto, “…al ciento, al sesenta y al treinta por uno.” (Mt.13:23) Cuando alguien nace de nuevo, y Dios comienza a transformar su vida, se ve el fruto… (2 Co.5:17). Cuando alguien está verdaderamente arrepentido, se ven “frutos dignos de arrepentimiento” en su vida (Lc.3:8). Cuando alguien está permaneciendo en comunión con Cristo, llevará “fruto”, “más fruto”, “mucho fruto” y “fruto que permanezca” (Jn.15:2, 5, 8, 16). Cuando un cristiano no guarda (cuida) su corazón, sino que permite que se contamine de pecado, tarde o temprano también se verá el fruto (Mt.12:33-35).
Una de las cosas que debemos procurar nunca perder como cristanos, son esos “primeros frutos” que teníamos cuando recién fuimos salvos y Dios comenzó a obrar en nuestras vidas… (Ap.2:2-5) = “primeras obras” “primer amor”. Dios desea ver esos “primeros frutos” en nuestras vidas como cristianos.
Cristo dijo: “Así que, por sus frutos los conoceréis.” (Mt.7:20)
Un Cántico Nuevo
“Y cantaban un nuevo cántico…” Ap.5:9
“Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.” Sal.40:3
La música “contemporanea cristiana”, lo que ha intentado lograr siempre es derribar la distincción que debería de haber entre la música sensual del mundo, la cual estimula los sentimientos y mueve la carne, y la música espiritual que fue exclusivamente compuesta para el Señor y que edifica al creyente. La intención de Dios al salvarnos y limpiarnos de toda inmundicia, fue para que anduviésemos en vida nueva (Ro.6:4; 2 Co.5:17 y 6:17-7:1), y para alabanza de Su gloria (Efe.1:3-6).
Esa alabanza debería de ser para “Su gloria” y no para “nuestro placer”. Debería edificar nuestro espíritu y no estimular nuestras emociones.
Los que fuimos salvos y sacados del “lodo cenagoso” del mundo sabemos muy bien lo que la música con ritmo, melodía y harmonía mundana y carnal es… ¡De eso nos sacó el Señor! Entendemos muy bien que una de las primeras cosas que experimentamos como nuevas criaturas en Cristo, fue un “cántico nuevo” para alabar a nuestro Salvador.
Tristemente, hoy en día muchos de los jóvenes en nuestras Iglesias bautistas independientes fundamentales, quienes cantan en nuestros coros, grupos especiales y “rondallas”- quienes tocan y cantan música aprobada por nosotros sus pastores, se la pasan escuchando (personalmente) pura música de grupos “cristianos contemporáneos” porque esa es la música que realmente les gusta y agrada a ellos. ¡De alguna manera estamos fracasando en pasar convicciones Bíblicas de separación a la siguiente generación!
“…cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” – Col.3:16b
Como es que los hijos caen en manos del enemigo…
“Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.” (Lamentaciones 2:22b)
Estas son palabras de lamento de parte de Dios por el pueblo de Judá, en particular, la ciudad de Jerusalén. El tema principal del Libro de Lamentaciones es: Los sufrimientos que sobrecogieron a Jerusalén cuando el rey Nabucodonosor capturó la ciudad en el año 568 A.C. El escritor es el profeta Jeremías, pero el autor es el Espíritu Santo de Dios, quien expresa Su dolor inconsolable por la agonía y angustia de la ciudad, a quien El llama – “La hija de Su pueblo” (2:11).
Alguien dijo: “Nuestros hijos tienen la capacidad de hacernos sumamente felices o sumamente tristes”. Aquí el Señor lamenta en agonía la condición de Jerusalén…
- Estaban quebrantados (v.11) – Estaban muriéndose de hambre (v.12) – Estaban bajo escarnio (v.15-16) – Estaban siendo aniquilados (v.21)
¿La razón? Dios había apartado Su mano de protección (v.3 – “Retiró de él su diestra frente al enemigo…”), Los había entregado en manos del enemigo para humillarlos por su pecado y rebelión (v.2, 7 – “Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios.”)
A Jerusalén le había acontecido lo que temía: Había llegado el día del juicio de Dios… (v.16-17, “Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, lo hemos visto. Jehová ha hecho lo que tenía determinado; Ha cumplido Su palabra… v.22, “Has convocado de todas partes mis temores…”)
Un predicador dijo recientemente: “Como cristianos, decimos que tenemos “temor de Dios”, pero con nuestros hechos lo negamos, vivimos haciendo y decidiendo como a nosotros se nos pega la gana, sin tomar en cuenta a Dios… luego vivimos esperando el juicio de Dios, atemorizados de lo que pasará; de donde vendrá el castigo, cuando nuestro pecado nos alcance”
El Salmo 127:1-2 dice: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican… Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.” Como padres de familia, lo que más amamos son nuestros hijos. Vivimos nuestras vidas tratando de darles todo lo que necesitan, lo mejor que podemos darles. Tenemos las mejores intenciones de hacer lo mejor y de ser lo mejor para ellos, aunque muchas veces perdemos perspectiva de lo que es verdaderamente importante y lo descuidamos. Nuestras prioridades cambian y dejamos a Dios y lo espiritual en último lugar o lo olvidamos del todo. Queremos proteger a nuestros hijos de cualquier peligro. Nunca quisiéramos verlos caer en manos del enemigo (Satanás), sin embargo descuidamos poner en práctica la Palabra de Dios y descuidamos practicar nuestro cristianismo donde más cuenta: En nuestro hogar. ¡Cuantos padres cristianos pierden a sus hijos! ¡Cuantos jóvenes caen en pecado y terminan yéndose de la Iglesia y apartándose del Señor!
El Señor termina el capítulo con una triste lamentación: “Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.” ¿Como sucedió?
1. Descuidaron sus muros… (v.8, 9a) – “Hizo, pues, que se lamentara el antemuro y el muro; fueron desolados juntamente. Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos;” *Los muros en la vida del cristiano representan sus convicciones, sus reglas y normas. Tristemente, muchos cristianos resienten las convicciones y normas en sus vidas. No las ven como muros de protección, sino como paredes que les limitan y les prohíben vivir como ellos quieren. Se la pasan quejándose de ellos, y hasta “brincándolos”. Cuando permitimos o hacemos esto, dejamos nuestros hogares y a nuestros hijos desprotegidos – “presas fáciles” para el enemigo.
2. Descuidaron las advertencias de la Palabra de Dios…(v.17) – “Jehová ha hecho lo que tenía determinado; Ha cumplido su palabra,…” *No cuidaron de obedecer a las advertencias y amonestaciones de los profetas enviados por Dios quienes les predicaban que se arrepintiéran de sus malos caminos. Fueron obstinados y rebeldes en contra de la voluntad de Dios. Llegó el día cuando se cumplieron esas advertencias y los alcanzó el juicio de Dios. Lo que “temían” (v.22) *Algunos cristianos, sabiendo las consecuencias que pueden traer su mal comportamiento, de todos modos ignoran las amonestaciones dadas por el predicador y continuan por el mal camino que llevan. No se arrepienten y no cambian. La Biblia dice que el que oye la voz de Dios y endurece su corazón, provoca a Dios a ira y a juicio (He.3:7-19).
3. Descuidaron el vivir una vida separada del mundo (v.9a) – “Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley;” *Se nos olvida muchas veces que el mundo es enemigo de la cruz de Cristo y enemigo de Dios (Fi.3:18; Stg.4:4). La falta de separación del mundo hace que el mundo se meta en nuestros hogares y en las vidas de nuestros hijos y “…el mundo entero está bajo el maligno.” *Debemos recordar que somos hijos de Dios y peregrinos en este mundo (Fi.3:20; 1 Pd.2:11), y por lo tanto no debemos amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo (1 Jn.2:15-17). ¡Cuantos jóvenes cristianos están perdiéndose por la mundanalidad que sus padres toleran y aceptan dentro de sus hogares!
4. Descuidaron las profecías de Dios, cambiándolas por lo que a ellos les gustaba oír (v.9b, 14) – “Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.” “Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.” * ¡Cuantos cristianos se cansan de la predicación fuerte y dura de la Palabra de Dios y comienzan a rechazarla para sus vidas! Hasta deciden salirse de su Iglesia y buscarse otra donde puedan escuchar lo que “les conviene” y les “agrada”. O cuantos padres cristianos van a casa después del servicio para “echarse tacos de pastor”, criticándo lo que se predicó y expresando su “desacuerdo” delante de sus hijos. Sin querer, están cometiendo un error fatal. ¡Estan provocando que sus hijos se rebelen en contra de Dios, de su pastor y de sus mismos padres! ¡Empujandolos a que se aparten de los caminos del Señor un día cuando crezcan por falta de temor a Dios! *La Biblia dice: “Fieles son las heridas del que ama…” (Pr.27:6) y que: “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.” ¡No hay que desanimarnos cuando la predicación señala nuestro pecado! ¡Hay que soportarla, darle gracias a Dios por un Pastor que predica la Palabra de Dios y diligentemente procurar poner en práctica lo que hemos aprendido! – “Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación,…” (He.13:22) – “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.” (1 Ts.5:20-21)
“Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.” ¡Que triste que nuestros hijos caigan en manos del enemigo y que los acabe! ¡Pero es aún más triste y un verdadero “lamento”, que nosotros como padres seamos los causantes de ello, solo por descuidar nuestro cristianismo!
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes de espíritu, sirviendo al Señor.” – Romanos 12:11
El error fatal de la soberbia
“Te puse lazos, y fuiste tomada…porque provocaste a Jehová…Y el soberbio caerá, y no tendrá quien lo levante;” (Jeremías 50:24,32)
Babilonia fue levantada para castigar a Judá, pueblo de Dios. Dios estaba tratando con Su pueblo, pero Babilonia no tuvo misericordia, ni se apiadó del pueblo de Dios, antes se lleno de soberbia y provocó a Jehová. Sabiendo que el pueblo que tenía cautivo era pueblo de Dios, y que era bendito, lo maldijeron, se burlaron de él y no temieron a Dios. Entonces Dios se llenó de ira y mandó destruir a Babilonia.
Debemos tener cuidado con la soberbia. A veces vemos a alguien caer en pecado y juzgamos y criticamos… La Biblia dice: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Co.10:12) y también: “…considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Ga.6:1).
La Biblia dice: “Dios resiste a los soberbios” (Stg.4:6)
Uno de los errores fatales de la soberbia, es que provoca a Dios.
He.3:8-9, “No endurezcais vuestros corazones, como en la provocación,..Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarente años.”
Cuando alguien, debido a su orgullo, comete ese error fatal, Dios permitirá que tropiece y caiga; que su pecado (soberbia) lo alcance.
“Porque cualquiera que se enaltece será humillado…” (Lc.14:11)
“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios…” (1 Pd.5:6)
Es mejor mantenerse humilde! (Pr.16:18-19)