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Como es que los hijos caen en manos del enemigo…

November 15, 2011

“Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.”  (Lamentaciones 2:22b)

Estas son palabras de lamento de parte de Dios por el pueblo de Judá, en particular, la ciudad de Jerusalén.  El tema principal del Libro de Lamentaciones es: Los sufrimientos que sobrecogieron a Jerusalén cuando el rey Nabucodonosor capturó la ciudad en el año 568 A.C.  El escritor es el profeta Jeremías, pero el autor es el Espíritu Santo de Dios, quien expresa Su dolor inconsolable por la agonía y angustia de la ciudad, a quien El llama – “La hija de Su pueblo” (2:11).

Alguien dijo: “Nuestros hijos tienen la capacidad de hacernos sumamente felices o sumamente tristes”.  Aquí el Señor lamenta en agonía la condición de Jerusalén…

– Estaban quebrantados (v.11)                                                                                                     – Estaban muriéndose de hambre (v.12)                                                                                – Estaban bajo escarnio (v.15-16)                                                                                               – Estaban siendo aniquilados (v.21)

¿La razón?  Dios había apartado Su mano de protección (v.3 – “Retiró de él su diestra frente al enemigo…”), Los había entregado en manos del enemigo para humillarlos por su pecado y rebelión (v.2, 7 – “Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios.”)

A Jerusalén le había acontecido lo que temía: Había llegado el día del juicio de Dios… (v.16-17,  “Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, lo hemos visto.  Jehová ha hecho lo que tenía determinado; Ha cumplido Su palabra… v.22, “Has convocado de todas partes mis temores…”)

Un predicador dijo recientemente: “Como cristianos, decimos que tenemos “temor de Dios”, pero con nuestros hechos lo negamos, vivimos haciendo y decidiendo como a nosotros se nos pega la gana, sin tomar en cuenta a Dios… luego vivimos esperando el juicio de Dios, atemorizados de lo que pasará; de donde vendrá el castigo, cuando nuestro pecado nos alcance”

El Salmo 127:1-2 dice: “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican… Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar,  Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño.”  Como padres de familia, lo que más amamos son nuestros hijos.  Vivimos nuestras vidas tratando de darles todo lo que necesitan, lo mejor que podemos darles.  Tenemos las mejores intenciones de hacer lo mejor y de ser lo mejor para ellos, aunque muchas veces perdemos perspectiva de lo que es verdaderamente importante y lo descuidamos.  Nuestras prioridades cambian y dejamos a Dios y lo espiritual en último lugar o lo olvidamos del todo.  Queremos proteger a nuestros hijos de cualquier peligro.  Nunca quisiéramos verlos caer en manos del enemigo (Satanás), sin embargo descuidamos poner en práctica la Palabra de Dios y descuidamos practicar nuestro cristianismo donde más cuenta: En nuestro hogar.  ¡Cuantos padres cristianos pierden a sus hijos! ¡Cuantos jóvenes caen en pecado y terminan yéndose de la Iglesia y apartándose del Señor!

El Señor termina el capítulo con una triste lamentación: “Los que  crié y mantuve, mi enemigo los acabó.”  ¿Como sucedió?

1. Descuidaron sus muros… (v.8, 9a)                                                                                        – “Hizo, pues, que se lamentara el antemuro y el muro; fueron desolados juntamente.  Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos;”   *Los muros en la vida del cristiano representan sus convicciones, sus reglas y normas.  Tristemente, muchos cristianos resienten las convicciones y normas en sus vidas.  No las ven como muros de protección, sino como paredes que les limitan y les prohíben vivir como ellos quieren.  Se la pasan quejándose de ellos, y hasta “brincándolos”.  Cuando permitimos o hacemos esto, dejamos nuestros hogares y a nuestros hijos desprotegidos – “presas fáciles” para el enemigo.

2. Descuidaron las advertencias de  la Palabra de Dios…(v.17)                                   – “Jehová ha hecho lo que tenía determinado; Ha cumplido su palabra,…”          *No cuidaron de obedecer a las advertencias y amonestaciones de los profetas enviados por Dios quienes les predicaban que se arrepintiéran de sus malos caminos.  Fueron obstinados y rebeldes en contra de la voluntad de Dios.  Llegó el día cuando se cumplieron esas advertencias y los alcanzó el juicio de Dios.  Lo que “temían” (v.22)                                                                                                         *Algunos cristianos, sabiendo las consecuencias que pueden traer su mal comportamiento, de todos modos ignoran las amonestaciones dadas por el predicador y continuan por el mal camino que llevan.  No se arrepienten y no cambian.  La Biblia dice que el que oye la voz de Dios y endurece su corazón, provoca a Dios a ira y a juicio (He.3:7-19).

3. Descuidaron el vivir una vida separada del mundo (v.9a)                                          – “Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley;”                       *Se nos olvida muchas veces que el mundo es enemigo de la cruz de Cristo y enemigo de Dios (Fi.3:18; Stg.4:4).  La falta de separación del mundo hace que el mundo se meta en nuestros hogares y en las vidas de nuestros hijos y “…el mundo entero está bajo el maligno.”  *Debemos recordar que somos hijos de Dios y peregrinos en este mundo (Fi.3:20; 1 Pd.2:11), y por lo tanto no debemos amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo (1 Jn.2:15-17). ¡Cuantos jóvenes cristianos están perdiéndose por la mundanalidad que sus padres toleran y aceptan dentro de sus hogares!

4. Descuidaron las profecías de Dios, cambiándolas por lo que a ellos les gustaba oír  (v.9b, 14)                                                                                                                      – “Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.”  “Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.”                                                       * ¡Cuantos cristianos se cansan de la predicación fuerte y dura de la Palabra de Dios y comienzan a rechazarla para sus vidas!  Hasta deciden salirse de su Iglesia y buscarse otra donde puedan escuchar lo que “les conviene” y les “agrada”.  O cuantos padres cristianos van a casa después del servicio para “echarse tacos de pastor”, criticándo lo que se predicó y expresando su “desacuerdo” delante de sus hijos.  Sin querer, están cometiendo un error fatal.  ¡Estan provocando que sus hijos se rebelen en contra de Dios, de su pastor y de sus mismos padres!  ¡Empujandolos a que se aparten de los caminos del Señor un día cuando crezcan por falta de temor a Dios!                                                                *La Biblia dice: “Fieles son las heridas del que ama…” (Pr.27:6) y que: “Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.”                                          ¡No hay que desanimarnos cuando la predicación señala nuestro pecado! ¡Hay que soportarla, darle gracias a Dios por un Pastor que predica la Palabra de Dios y diligentemente procurar poner en práctica lo que hemos aprendido!         – “Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación,…” (He.13:22)  – “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.” (1 Ts.5:20-21)

“Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.”                                                      ¡Que triste que nuestros hijos caigan en manos del enemigo y que los acabe! ¡Pero es aún más triste y un verdadero “lamento”, que nosotros como padres seamos los causantes de ello, solo por descuidar nuestro cristianismo!

“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes de espíritu, sirviendo al Señor.”  – Romanos 12:11

 

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