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Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.

December 26, 2011

 

El pueblo de Dios, Judá, estaba bajo el control y el dominio del imperio de Asiria, el cual lo oprimía.  Hubo muchos que pensaban que Dios ya se había olvidado de su pueblo.  Ya habían perdido esperanza.  En medio de tal desaliento, se oye la Palabra de Dios por medio de su profeta: “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”.
Dios nunca se olvida de los suyos; aunque así nos parezca cuando estamos atravesando por una prueba.  El sabe por lo que estamos pasando…
Además, nada sucede en la vida de un cristiano por accidente o por casualidad.  Dios está en control de las circunstancias en todo tiempo.  Y sobre todo, es importante, en medio de tiempos difíciles, recordar que Dios es bueno – no importa lo que haya pasado..¡Dios es bueno! y es fortaleza en el día de la angustia.  Lo importante es confiar en Él.
En Habacuc :17-19 vemos la misma amonestación… “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en el Dios de mi salvación.  Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.”
En medio de las pruebas, la aflicción y la necesidad, es cuando debemos confiar más y fortalecernos más en el Señor.  ¡Allí es donde cuenta nuestra fe!
Las circunstancias no quitan el gozo de aquellos que confían y esperan en el Señor.  Solo el pecado no confesado en nuestras vidas es lo que nos roba el gozo.
Cada situación difícil y adversa es una oportunidad para examinar nuestras vidas y para acercarnos más a Dios.
Lo que demos cuidar en medio de las pruebas, es que nuestros corazones no se endurezcan y se amarguen.  El cristiano que confía, se fortalece y espera en el Señor cuando algo duro sucede en su vida, lejos de amargarse, se endulza más; lejos de endurecerse, se ablanda más.  En vez de alejarse de Dios y enfriarse, sube al “siguiente nivel” – “El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.”
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